Le envío un beso a Delia, con quien tuve el placer de desayunar el otro día en Madrid. Ahora no escribe porque se ha transformado en una gran aficionada el jazz.
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Le envío un beso a Delia, con quien tuve el placer de desayunar el otro día en Madrid. Ahora no escribe porque se ha transformado en una gran aficionada el jazz.
Alguien dijo, al fondo, que aquel año se perdió bajo las olas, envuelto en la música triste de la carne arrastrada sobre la arena; sin hallar respuesta, sin saber cómo encajar un nuevo drama en nuestro debe y maldiciendo a la miseria que atrae a la muerte; el destino de los pobres se escribe sin tinta mientras nosotros pasamos por delante del televisor indiferentes al espanto de la tecnología, igual de inútil que nuestra conciencia; pensando en qué cenaremos para celebrar el fin del año.
Alguien, al fondo, busca nuestra mirada y no la encuentra; sabe que su vida no vale nuestro dinero y que con unas cuantas compras innecesarias distraeremos el rumor del agua que fluye por nuestras arterias. Nos coloca ante el espejo, gordos, limpios y engalanados para el rito, tranquilos porque nuestras olas sólo hacen cosquillas en los pies.
De pronto tienen lugar los centenarios y las muertes y los aniversarios, unos comercian con la memoria, otros con los iconos, todos con el recuerdo, como si el año 100 del nacimiento, el 50 de la muerte o el fin último de la estrella de cine, del poeta, de la pintora enferma, como si el orden, la conversión en unidades de medida, la excusa, el remordimiento, la marca, el ritual pudieran devolver a la inmensidad los versos, los cuadros y las imágenes. De pronto te dicen lo que ya sabes como si no lo supieras mientras esta sociedad amodorrada por el tedio del bienestar y el buen rollo quema un día tras otro, pendiente de comprar la entrada porque lo importante es presenciar el espectáculo. Sea cual sea, el que se lleve, el que digan. De pronto nadie se preocupa por enseñar a leer, a pintar, a interpretar, porque el maniqueísmo sin crítica viene en el interior del envase, como si fuera fácil consumir a Neruda, a Kahlo y Brando, como si ellos no se hubieran cagado en nuestra madre de habernos conocido tan ignorantes, tan ciegos de celebraciones que duran sólo hasta la siguiente fecha. Aquello que les resultó odioso nos reconforta, aquello que sufrieron nos divierte, con lo que ellos vieron nos cubrimos los ojos.
El culto al cuerpo muestra una extraña subversión; las mujeres satisfechas con sus formas se avergüenzan si les miran a la cara. La expresión ya no es conjunto, sólo vale el segundo efímero del deseo precedido de horas de preparación ante un espejo. Gana la vista, pierde la mirada por k.o. técnico en el primer asalto.
Una vez al año compraba el último número de Maledicta, una publicación de invectivas e insultos escatológicos, desvergonzadamente incorrecta, deliberadamente injuriosa, y muy divertida, y me leía sus fragmentos preferidos.
“Dime, Michael, ¿qué es el sueño americano?”
“Me rindo.
“Diez millones de negros nadando rumbo a África con un judío bajo cada brazo.”
A lo que añadía: “No te preocupes, Michael, no se refiere a nosotros.”
A todas luces soy un hombre limitado
limito al sur al este y al oeste
porque norte nunca hubo en nuestra casa
de recursos limitados
Es cierto nunca tuve nada
otros corrían en sus autos
y yo (¿mientras?) imitaba el sonido de sus motores
otros acariciaban a las mujeres de mis posters de mis sueños
comían las recetas de mis libros
se reían de mi triste vida
limitada por arriba y por abajo
por los lados
——-
{Ma cosa e’ stato di quel tempo
che sfidava il vento
che faceva fremere gridare
contro il cielo, non
lasciarmi solo no
non andar via
non andar via
Senza te morirei} *
——
A todas luces no sé decir
cómo hablar con palabras
mientras mis canciones se alejan confundidas con las voces de los muertos
como yo que vivo con limitaciones en la cama vacía
atento al tic tac de los relojes
y al polvo de un armario sin perchas
limitado por paredes
en lo alto el cielo
en el suelo el álbum donde colecciono guardo los deseos
……………………….
A todas luces limitado
……
*Fragmento de Sabato pomeriggio
de Claudio Baglioni