
Las inquietantes ochocientas fotografías que Francesca Woodman (Denver, 1958-Nueva York, 1981) logró tomar en su breve vida son administradas con celo y cuentagotas por sus padres desde que decidiera poner fin a su vida saltando por una ventana. Todo en ella fue fugaz y hermoso, su deseo de huir, sus obsesiones, su figura borrosa. La técnica de Francesca {aunque no es lo que muchos considerarían una virtuosa} ha sido para mi una inspiración: luz natural, velocidades lentas y ventanas. Me gusta mirar sus fotos pensando que vive. Imágenes como Y un día más desperté sola en estas sillas blancas adquieren otro significado. Tengo la sensación de que los tópicos hacen mucho daño a sus fotografías, aunque es evidente que trataba de investigar sobre su dolor y de comprenderlo, ya que va más allá y pisa terrenos comunes al resto, aborda preguntas que todos nos hemos hecho, muestra miedos que todos hemos tenido. Francesca fue una gran psicóloga que jugaba con la identidad y con los símbolos. A la vez, se trata de una antifotógrafa que se mueve en el terreno de la libertad, de las referencias de todo tipo. Imágenes románticas, surrealistas o visionarias.
No soy un teórico de la fotografía. De hecho, no me interesan nada las explicaciones. Las palabras hacen mucho daño a la imagen porque ésta ya tiene su propio lenguaje y no encuentra acomodo en la expresión verbal. No se debe teorizar sobre una imagen, es como pretender escuchar con la boca. Siempre que alguien explica a otro lo que está viendo intuyo que me hallo en presencia de dos ciegos describiendo colores (y probablemente ellos serían más certeros). Se debe, en cambio, mirar. Imágenes tan inquietantes como Self portrait at thirteen, Angel Series o Yet, Another Leaden Sky.
Published on marzo 3, 2009 10:32 am.
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La publicidad nos hace llorar mientras la vida nos resulta indiferente.
Nuestros perros duermen más tranquilos que sus hijos.
Creemos en lo que no vemos mientras apartamos la mirada para no creer lo que vemos.
Published on marzo 2, 2009 6:58 pm.
Filed under: En este momento, Inclasificables, Metaforismos Tags: ecosistemas variables, ideas al margen del televisor, naturalezas inconexas, veo florecer el almendro por la ventana

Baja el río tan podrido que sobra disertar sobre las aguas cristalinas. Cadáveres, bolsas de basura, botellas vacías, pelucas, mercurio, plomo, políticos. Todo flota sobre la corriente o se hunde en algunos tramos para salir a flote unos kilómetros más abajo, en algún lugar en el que se acumulan restos de otros naufragios, donde se mezclan las mierdas y traban amistades que duran poco o mucho, según el caudal de esa temporada. Ya no queda vida en este ecosistema. Hace años que se vio al último animal agonizante mover las branquias sobre el fango y, desde entonces, sólo desperdicios. Hay quien sostiene que nunca el agua fue transparente, otros defienden las virtudes de las distintas gamas del marrón (hasta llegar al negro absoluto) como prueba de pureza. Hemos llegado a ese punto (como drogadictos desesperados) en el que nos basta con un tanto por ciento de verdad mezclada con veneno, a ese nivel de degradación en el que algo puro nos mataría en apenas unos segundos.
Toda esa mugre que ocupa la superficie del río, que se posa sobre su lecho, que enturbia su cauce hasta transformarlo en una cortina opaca, impermeable a la luz, ejerce sobre nosotros una fascinación letal. Nos quedamos horas sobre el puente viendo pasar ese caudal de mentiras, corruptelas, nepotismos y estafas; escuchando los cantos de sirena de quienes, desde la otra orilla, nos llaman a gritos asegurando que nos hemos equivocado de lugar y que si somos capaces de meter los pies en ese caldo repugnante comprobaremos que no lo es, que éramos víctimas de algún tipo de hechizo maligno, que el mundo real es una lucha en la que hay que ensuciar el alma para lavar el traje. Nos quedamos tanto tiempo que podemos comprobar que a este lado quedamos unos pocos. Tal vez seamos unos imbéciles, pensamos en ocasiones. Que estamos señalados y marcados.
Baja el río tan podrido que ya se ha abierto un debate sobre su misma naturaleza. Y uno, al fondo, propone recalificar unos terrenos, construir un nuevo cauce y llamarlo Ciudad de la Transparencia. Con mayúsculas. Que confieren seriedad.
Published on marzo 1, 2009 3:00 pm.
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La obra de Gertrude Käsebier nos es muy extensa. Una mujer casada, con tres hijos, que comienza a tomar fotografías cuando se acerca a los cuarenta años de edad. Estamos en los años finales del siglo XIX y en los comienzos de la compleja lucha de la fotografía por ser considerada arte, tarea en la que destacó Alfred Stieglitz quien, además, descubrió trabajos fantásticos como el de Käsebier. Sus fotografías son exquisitas, llenas de sensibilidad, de ideales femeninos de la época en los que se mezclan la maternidad, el hogar y una representación de la vida que muchos pueden encontrar almibarada. Pero sobre esta apariencia Käsebier construye historias llenas de fuerza y extrae de la luz, las siluetas y los rostros de los personajes que retrata mucho más de lo que parece. Imágenes como The Manger, con una luz simplemente mágica o The Red Man nos muestran a una artista singular. He elegido para ilustrar estas líneas el que con toda probabilidad es su retrato más conocido, titulado Miss N; una obra de la que poco puede decirse que no exprese ya, un retrato explosivo que conjuga todas las bellezas del espíritu y las de la carne.
Published on febrero 28, 2009 11:59 pm.
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Amo la fotografía por su fuerza mágica.
Por su capacidad para conmover emocional e intelectualmente se aproxima más a la música que al cine {que no deja de ser una sucesión de imágenes fijas, una ilusión de movimiento que resumimos en una escena estática, aquella que nos atrapa}. Una melodía puede provocar una emoción de belleza (también la del dolor y la devastación) enorme, pero su lenguaje es más difícil de comprender y no contiene reflexiones intelectuales.
La fotografía lo es todo {lo que quiso ser la pintura} {lo que no puede explicar la poesía} {lo que no pueden aventurar los eruditos} {aquello que no pueden ocultar los gobiernos}.
Es la verdad, la revelación, lo no visto. [Al menos como yo la entiendo, sin artificios, sin premeditaciones, sin la asfixiante presencia del fotógrafo que distorsiona los hechos]. Algo que motiva mi absoluta indiferencia respecto al trabajo de muchos que son tenidos por maestros sin que nadie tenga la valentía de desenmascarar sus trampas.
El poder de una verdadera foto es tan grande que puede cambiar vidas. [Por contra, el hecho de que la mayoría de la sociedad sea funcionalmente ciega y admiradora de mediocres imitadores limita su fuerza].
Este trabajo es un ejercicio de fe. Una liberación.
Añado, aunque sea obvia, la aclaración de que no es Richard Avedon un tramposo. Y que ilustra estas líneas como muestra de admiración.
Published on febrero 28, 2009 1:46 am.
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Si eres cauto nadie sabrá que lo eras. Es una de esas virtudes cuya presencia es su ausencia. [El buen rastreador no deja rastro] [El buen asesino no deja pistas]. En general, habríamos de fijarnos en lo que no se ve, en lo que no está, en lo que no es.
La verdad nunca se muestra como una mercancía. Su mera exhibición nos haría acreditar su falsedad. Lo mismo ocurre con las virtudes y, al revés, con los defectos.
Sólo la presencia del fallo delata la existencia del acierto.
[Y ya tenemos un deducción lógica: Nuestros errores hablan de nuestros logros]. En cierto modo, además, sus grandezas van unidas.
Published on febrero 27, 2009 5:55 pm.
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Mis amigos permanecen en silencio. No es un estado de dolor, aunque su ausencia me entristece en ocasiones {o me despierta ese algo nostálgico/genético de los nacidos junto al Atlántico}. Tampoco se trata de un silencio literal, porque aunque tiene lugar una ausencia de sonido ocurre sobre una superficie en la que la comunicación suele no ser verbal. No porque no sea querida, sino porque no es estrictamente necesaria.
Lo que me lleva a comprobar que mis amigos más queridos son aquellos con los que menos hablo [sin que esté todo dicho] [aunque se haya conversado sobre todo, incluso sobre lo prohibido si lo hubiera aunque no es el caso] siendo ellos los únicos con los que siempre me apetece.
Pero esto se refiere al sonido, que no necesitamos aunque nos guste. En este momento en el que todos andamos encerrados en nuestras cosas porque nos va la vida en ello.
Published on febrero 26, 2009 11:13 am.
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