Péndulo

Aquel hombre andaba a la búsqueda de palabras que expresaran la imposibilidad de hallarlas. Eran días con sonido a dejà vu, a sal, a sol, a cloro disuelto, horas pasando lentas, homogéneas, apretadas; balanceadas en una hamaca de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, pasa una nube, bah, otra nube, se va o viene. Andaba a la búsqueda es mucho decir. Estaba allí viendo como el tiempo resbalaba sobre su piel. Y no es poco. Es fácil perder los nervios cuando cae un tic tac perdido sobre uno. Se respira. Se mueven los dedos como un pianista ejercitándose antes del concierto, se respira hondo y luego…luego nada. Y nada. Y nada. Y nada. Y mil veces nada. Aquel hombre, sin embargo, ya no se preocupaba por estas cosas. Todo va y todo vuelve. Ya les digo y si no me creen qué más da. Esto es un péndulo. A veces hace tic. A veces hace tac. Y si no hace nada es que le están dando cuerda.

Aeropuerto

Esperaba en la cafetería a que anunciaran el embarque del vuelo Madrid-Milán. Dos mesas más allá Keith Jarrett también esperaba. Nuestras miradas se cruzaron y levanté el pulgar de la mano derecha. Él junto las palmas de las manos a la altura del pecho e inclinó levemente la cabeza. Nos sonreímos.

Cúpula

La cúpula es media esfera, o medio huevo, o medio cráneo, o medio balón. Media esfera y nos ahorramos los ejemplos. Primero fue el lugar donde habitaba Dios, aunque pronto fue desplazado por los sabios, los políticos y el vacío. En ese orden. Quedan cupulillas, si quieren, pero señoras cúpulas ya no; que ahora, a cualquiera le suben a los cielos cupulares. Sólo con pegar un polvo en la tele, y no digo más. La media esfera, que es un pecho visto desde el corazón, un sombrero visto por un piojo, un tazón desde la perspectiva de la sopa, es el origen del colador, del cazamariposas y del sujetador. Todo esto ya lo conocían los arquitectos y, con el tiempo, los fabricantes de cafeteras. Sin cúpula no sabe igual. En absoluto.

Lunares

Y se hizo de día sobre la noche que precedió al día. Y se hizo un cuento susurrado al oído de los niños, destilado palabra a palabra, nombre a nombre. Y se hizo el mundo con instrucciones detalladas sobre el uso de la voz cerca de las orejas infantiles, donde los labios se unen al tímpano y respiran juntos, abrazados cada mañana sin escuela, cada amanecer sin sueño. Allí donde el hombre siente extrañas certezas; y ella la de la danza, donde quiere vestirse para bailar las canciones del Camarón que se colaron en la banda sonora de su vida. Y se construyó un momento que se fue. Aunque sabes que también se quedó. Para siempre. Sobre la tibia piel de la retina. Donde es tuyo y se hace de día sobre la noche mientras repites nombres de animales imaginarios. Donde ella baila sobre sus zapatos de tacón con lunares blancos. Donde todo queda reducido a nada importante. Sólo un segundo, una estela de polvo brillante, una luz que vive en el corazón del hombre que susurra al oído de los niños.

Progreso

Escena callejera:
Una joven anda y habla con su teléfono móvil. La charla trata sobre la dirección de correo electrónico que le acababan de asignar. En un momento determinado tuerce el gesto y dice: “Si, si está muy bien, pero eso de arroba no me gusta, ¿no me lo puedes quitar?”.

Autosave

La mesa está desordenada. El televisor salta de lo dramático a lo trivial, de las bragas a las heridas. El pan se atasca en la tostadora. Creces y creces sin remedio, notas cada segundo que pasa con un estirón en los huesos. Y en los huevos. Se acumulan los libros por leer y los objetos por clasificar. Te envuelve el calor de una almohada. Cierras los ojos. Siempre se joden los programas cuando no has guardado nada. Vuelves a empezar. Idiota, más que idiota, olvidaste el autosave.

Volar

Aquí sentado recuerdo a mi tía Manuela, de manos grandes como hombres, recién llegada de cortar maiz con sus trenzas de azabache rotas por una línea clara y el único vestido gris de laborables de una vida sin festivos. Y de cuando se acercaba a la pastelería de la calle del Conde a por dulces para su sobrino más querido recién llegado de un lugar remoto en un avión como los que anuncian en la tele. Y de cuando me decía: Hijo ¿no será arriesgado eso de hacer lo que no sabemos?, que en esta familia nunca voló nadie.