Antiphon

I’ve gone through several nightmarish relationships in my life. As a result, my self esteem was damaged beyond remedy. The women I used to be attracted to vaccined me against any kind of complacency and self-absorption and made healthy vanity the fastest shortcut to shame.
Photography became the only acceptable excuse to demand approval and attention, the only source of comfort and relief, the emergency exit, the raw material of new beginnings after emotional downfalls and quakes. The spinal cord of my identity.
And suddenly, the biggest stroke of luck: her adventitious appearance, the unpredictable realization of all emotional needs. The struggle for survival mutated into another kind of primal drive: to give her something of great value in return. To let myself be noticed and succeed, putting this single virtue to a test. To clean up the mess left by past sentimental choices, working hard to earn her magnificent silences, giving the world something as precious as what I had been given.
I barely wheathered the storm until she reclaimed my name from obscurity. Maybe one must be completely emptied in order to be worthy of true grace.
I remember the first time touched her skin with my lenses, long before we really found each other, so even though times of economic recession are not the easiest for artists, I trust the means to find me like she did. Photography is not about distinction and celebrity, but love returning to the world like an antiphon. The privilege of channeling cardinal revelation through ordinary things.

Plate tectonics

Most of the people and things I love to the bones were beautiful, bountiful accidents at the very beginning. It would be risky to abridge memory without blotting out the essential. The true relationship between cause and effect is largelly concealed to the conscious mind.

My heart is the ball losing momentum before choosing black or red, odd or even and then falling on to the wheel. They used to sell cameras saying you press the button and we do the rest.

It never was that easy. The whole process takes so much responsibility that I fluctuate between elation and an overwhelming sense of failure from one click to the next.
Some days she arrives home from work totally worn-out. She barely drinks a glass of hot milk and passes away, chronically sleep deprived.

I stay awake with blurry eyes, looking at her, feeling like an impostor, wondering what happy chance put her in my way and how can I make myself deserving of such beauty.

While others spend hours playing X-Box or Wii, I have chosen impatience, expectancy, distress, distrust and fence-sitting fibrillation as my favorite entertainments. I take photographs of the other half of my whole. Starting from the bottom, attempting the way up.

I sometimes feel like things are starting to fall into place and suddenly I’m brutally assaulted by questions about my so called talent. Something goes really wrong with my self esteem.

Tailcoated men walk by the reflection I’ve built of myself on a fuzzy mirror.

Some people say

Quienes te odian tienen un especial interés en borrar tu nombre.
Creen que al cambiar la identidad modifican el interior; de modo que empleando una palabra despectiva en su lugar, cuando se refieren a ese ser concreto, su desprecio es mayor.
Y se equivocan.
Porque tu identidad persiste gracias a quienes te aman y te llaman por tu nombre.
Quienes te odian desconocen que el desprecio no produce sonidos.

El inexplicable Alfred

El inexplicable Alfred

La diferencia entre un gran fotógrafo y alguien que simplemente hace una foto radica en la capacidad para explicar lo inexplicable. Como tal, cuando observamos una fotografía de esas características sabemos que contiene algo especial, con una fuerza equivalente a la dificultad para definir con exactitud de qué se trata. Algo que a menudo han olvidado los teóricos de la imagen, comisarios, galeristas y críticos de todo tipo (embriagados de explicaciones cabalísticas sobre las intenciones de los artistas) es que por muy loables que hayan sido los principios, las fotografías tienen su propia personalidad y se expresan por sus propios medios. Los desastrosos caminos hacia los que las tendencias artísticas contemporáneas han arrastrado a la fotografía tienen más que ver con un esteticismo vacío (también con la promoción de mensajes sin compromiso y sin crítica) que con un conocimiento real de su praxis. En este contexto degradante todo es posible, en especial confundir el medio con el soporte. Supongamos que se considerara todo lo impreso es literatura o todo lo cantado música. En contra de lo que la mayoría cree la entrada de la fotografía en el mundo comercial del arte sólo ha servido para subir de nivel a mediocres camarógrafos que nunca hubieran logrado contar una historia con imágenes en otros entornos (y siguen sin hacerlo, aunque lujosos libros detallen sus andaduras por la senda del tedio).

Alfred Stieglitz es, después de esta larga y tal vez innecesaria introducción. un grande entre los grandes. Y de quien quería hablar, como artista al que admiro profundamente y como referencia (tal vez la más importante) para mi trabajo. Alfred tuvo algo único, un don que algunos poseyeron antes y otros después, y que transforma sus imágenes en hechos excepcionales aunque en apariencia no lo sean. Si observamos, por poner unos ejemplos, fotografías como este retrato de la pintora Georgia O´Keeffe, el gran amor de su vida, o imágenes como A Snapshot: Paris, The Hand of Man o Dirigible asistimos al gran milagro de los grandes fotógrafos, ver donde otros están ciegos, mostrar la verdad; incluso en lo aparentemente simple, el rostro de la mujer amada o la gente andando por la calle. Stieglitz desaparece tras la cámara y a través de sus ojos sentimos la realidad de una forma nueva que nos emociona.

Su obra es enorme y llena de matices porque además fue un pionero en muchas técnicas y estéticas. Merece la pena ver algunas de ellas (aunque sea con las limitaciones que impone la tecnología virtual).

These are photographs that speak about the intoxicating desire Stieglitz felt for O’Keeffe, the allure of her physical presence, and the profound, palpable impact that one person can have on another.
Sarah Greenough

Portraits of Georgia O´Keefe. Victoria and Albert Museum
Stieglitz Collection. George Eastman House
Alfred Stieglitz: De la vanguardia al cuerpo de mujer. Por Marisol Romo.

Ideales victorianos

Ideales victorianos

La obra de Gertrude Käsebier nos es muy extensa. Una mujer casada, con tres hijos, que comienza a tomar fotografías cuando se acerca a los cuarenta años de edad. Estamos en los años finales del siglo XIX y en los comienzos de la compleja lucha de la fotografía por ser considerada arte, tarea en la que destacó Alfred Stieglitz quien, además, descubrió trabajos fantásticos como el de Käsebier. Sus fotografías son exquisitas, llenas de sensibilidad, de ideales femeninos de la época en los que se mezclan la maternidad, el hogar y una representación de la vida que muchos pueden encontrar almibarada. Pero sobre esta apariencia Käsebier construye historias llenas de fuerza y extrae de la luz, las siluetas y los rostros de los personajes que retrata mucho más de lo que parece. Imágenes como The Manger, con una luz simplemente mágica o The Red Man nos muestran a una artista singular. He elegido para ilustrar estas líneas el que con toda probabilidad es su retrato más conocido, titulado Miss N; una obra de la que poco puede decirse que no exprese ya, un retrato explosivo que conjuga todas las bellezas del espíritu y las de la carne.

Breaking waves

Breaking waves

Amo la fotografía por su fuerza mágica.
Por su capacidad para conmover emocional e intelectualmente se aproxima más a la música que al cine {que no deja de ser una sucesión de imágenes fijas, una ilusión de movimiento que resumimos en una escena estática, aquella que nos atrapa}. Una melodía puede provocar una emoción de belleza (también la del dolor y la devastación) enorme, pero su lenguaje es más difícil de comprender y no contiene reflexiones intelectuales.
La fotografía lo es todo {lo que quiso ser la pintura} {lo que no puede explicar la poesía} {lo que no pueden aventurar los eruditos} {aquello que no pueden ocultar los gobiernos}.
Es la verdad, la revelación, lo no visto. [Al menos como yo la entiendo, sin artificios, sin premeditaciones, sin la asfixiante presencia del fotógrafo que distorsiona los hechos]. Algo que motiva mi absoluta indiferencia respecto al trabajo de muchos que son tenidos por maestros sin que nadie tenga la valentía de desenmascarar sus trampas.
El poder de una verdadera foto es tan grande que puede cambiar vidas. [Por contra, el hecho de que la mayoría de la sociedad sea funcionalmente ciega y admiradora de mediocres imitadores limita su fuerza].
Este trabajo es un ejercicio de fe. Una liberación.

Añado, aunque sea obvia, la aclaración de que no es Richard Avedon un tramposo. Y que ilustra estas líneas como muestra de admiración.

En la caja

En la caja

Determinar hasta qué punto somos materia. Sólo eso [digamos energía]. Positiva o negativa, según el caso. Eso que denominan amor/odio {bien/mal}. Hasta qué punto no somos ajenos (en modo alguno) a nuestro entorno.
–> Somos exodérmicos permeables. Tengo cierta intuición sobre este significado {a fin de cuentas me puedo permitir en este sitio todas las licencias posibles} {incluso las formales y metódicas, aunque no así las morales [*]}
La materia [entiéndase como sinónimo de espíritu o como materia espiritual] y la fotografía tienen mucho que ver. De hecho, vienen a ser lo mismo (o la segunda una revelación de la primera). Podría ser, asimismo, rebelación si no fuera porque espanta esa letra alta en una palabra tan precisa y humilde (que parece que no precisara de violencia para mostrarse).

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Tal vez sea la fotografía la más compleja de las bellas artes (supongamos que la clasificación es válida) {podemos decir artes a secas o actividades humanas}. O cualquier cosa. La importancia está en el hecho y no en la denominación.

Sólo hay una milésima de segundo para verlo todo. Sin margen de error. Toda esa materia espiritual está ahí, de pronto. Nítida. Maravillosa. Efímera. Atrapada en una caja negra.

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[*] Que tienen que ver con los seres por los que siento amor y con aquellos que sienten o pueden sentir cualquier tipo de aversión. Trato de proteger inocencias

En un lateral

Algunos se acercan a mis fotografías y las miran con calma, incluso sacan una pequeña cámara de su bolsillo y disparan. Fotografiar fotografías.

Retener, tener.

Esperanza Aguirre me preguntó de quién son esas manos tan hermosas. (!)