La obra de Gertrude Käsebier nos es muy extensa. Una mujer casada, con tres hijos, que comienza a tomar fotografías cuando se acerca a los cuarenta años de edad. Estamos en los años finales del siglo XIX y en los comienzos de la compleja lucha de la fotografía por ser considerada arte, tarea en la que destacó Alfred Stieglitz quien, además, descubrió trabajos fantásticos como el de Käsebier. Sus fotografías son exquisitas, llenas de sensibilidad, de ideales femeninos de la época en los que se mezclan la maternidad, el hogar y una representación de la vida que muchos pueden encontrar almibarada. Pero sobre esta apariencia Käsebier construye historias llenas de fuerza y extrae de la luz, las siluetas y los rostros de los personajes que retrata mucho más de lo que parece. Imágenes como The Manger, con una luz simplemente mágica o The Red Man nos muestran a una artista singular. He elegido para ilustrar estas líneas el que con toda probabilidad es su retrato más conocido, titulado Miss N; una obra de la que poco puede decirse que no exprese ya, un retrato explosivo que conjuga todas las bellezas del espíritu y las de la carne.
Archivo de Febrero, 2009
Ideales victorianos
Breaking waves
Amo la fotografía por su fuerza mágica.
Por su capacidad para conmover emocional e intelectualmente se aproxima más a la música que al cine {que no deja de ser una sucesión de imágenes fijas, una ilusión de movimiento que resumimos en una escena estática, aquella que nos atrapa}. Una melodía puede provocar una emoción de belleza (también la del dolor y la devastación) enorme, pero su lenguaje es más difícil de comprender y no contiene reflexiones intelectuales.
La fotografía lo es todo {lo que quiso ser la pintura} {lo que no puede explicar la poesía} {lo que no pueden aventurar los eruditos} {aquello que no pueden ocultar los gobiernos}.
Es la verdad, la revelación, lo no visto. [Al menos como yo la entiendo, sin artificios, sin premeditaciones, sin la asfixiante presencia del fotógrafo que distorsiona los hechos]. Algo que motiva mi absoluta indiferencia respecto al trabajo de muchos que son tenidos por maestros sin que nadie tenga la valentía de desenmascarar sus trampas.
El poder de una verdadera foto es tan grande que puede cambiar vidas. [Por contra, el hecho de que la mayoría de la sociedad sea funcionalmente ciega y admiradora de mediocres imitadores limita su fuerza].
Este trabajo es un ejercicio de fe. Una liberación.
Añado, aunque sea obvia, la aclaración de que no es Richard Avedon un tramposo. Y que ilustra estas líneas como muestra de admiración.
Influencias
Si eres cauto nadie sabrá que lo eras. Es una de esas virtudes cuya presencia es su ausencia. [El buen rastreador no deja rastro] [El buen asesino no deja pistas]. En general, habríamos de fijarnos en lo que no se ve, en lo que no está, en lo que no es.
La verdad nunca se muestra como una mercancía. Su mera exhibición nos haría acreditar su falsedad. Lo mismo ocurre con las virtudes y, al revés, con los defectos.
Sólo la presencia del fallo delata la existencia del acierto.
[Y ya tenemos un deducción lógica: Nuestros errores hablan de nuestros logros]. En cierto modo, además, sus grandezas van unidas.
Everlasting arms
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Ceremony
Mis amigos permanecen en silencio. No es un estado de dolor, aunque su ausencia me entristece en ocasiones {o me despierta ese algo nostálgico/genético de los nacidos junto al Atlántico}. Tampoco se trata de un silencio literal, porque aunque tiene lugar una ausencia de sonido ocurre sobre una superficie en la que la comunicación suele no ser verbal. No porque no sea querida, sino porque no es estrictamente necesaria.
Lo que me lleva a comprobar que mis amigos más queridos son aquellos con los que menos hablo [sin que esté todo dicho] [aunque se haya conversado sobre todo, incluso sobre lo prohibido si lo hubiera aunque no es el caso] siendo ellos los únicos con los que siempre me apetece.
Pero esto se refiere al sonido, que no necesitamos aunque nos guste. En este momento en el que todos andamos encerrados en nuestras cosas porque nos va la vida en ello.
Antes de ir a dormir
La paciencia nos traiciona {o nosotros a ella}. Porque esperamos, siempre lo hacemos, siempre lo hago, que ocurra algo. Uno es paciente en la espera y trata de mantener la calma; hasta descubrir que no se trata de permanecer quieto y aguardar, sino que el secreto el paciente en la actividad del que logra más que la tranquilidad del que aguarda.
[En realidad la paciencia carece de sentido porque conlleva una expectativa, algo que será]
[Algo que siempre es lo que tiene que ser en un momento dado y, por lo tanto, ajeno a nuestro deseo envuelto en aparente sosiego]
Esperar no es hacer. A no ser que se espere aceptando lo inevitable, en ese momento en el que todo es bienvenido sea cual sea su naturaleza.
Es un lugar común
Decir que menos es más y todo eso. Aunque es real si no es forzado. Si es verdad. Si en realidad a alguien le hacen falta pocas cosas para vivir. Bienes escasos que esconden grandes propiedades de otro tipo. Con sinceridad.
Puede que siga luego.
aria
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Inalterable
Si aceptamos que todo está podrido también asumimos que el estado natural de las cosas [ese todo filosófico] es la podredumbre. Esa certeza lleva a muchos a profundizar en la basura con la idea de ser una perfecta mierda. Pero se equivocan. Como quienes consideran equivalentes el amor y el matrimonio o el dinero y la felicidad. {Todo está podrido por ese error de apreciación}. En verdad todo se descompone en un algún momento porque nada es inalterable siempre. Las heridas se abren y se cierran.




