Apenas he podido releer un viejo libro mientras la tormenta se rompía sobre el mar. Es complejo de explicar. Si fuera sencillo, pero es complejo. Hay días que se suceden iguales con sus mismos minutos y silencios mientras pestañeas, en los que te dejas llevar cuando crees que no y es que si, como si fuera posible no dejarse; días de horas pegajosas, únicas, largas o cortas, que ya no van una tras otra sino todas como un coro uniforme de viejas plañideras. Todo se ve vidrioso, cubierto por una pasta que transforma las luces en líneas. Como una huella sobre el cristal de las gafas. Es la vida borrosa. Que comienza de nuevo.
Archivo de Septiembre, 2003
Cristal
Sin sentido
Tomó el pincel y lo introdujo en el bote.
Extrajo el mástil chorreante y pensó en Pollock regando el cadáver de una mujer.
Gotas tibias sobre el cuerpo desnudo. Candelabros que arrancan el brillo a islas perdidas.
Trazó una línea grisácea y el mundo se partió en dos.
Universos desconocidos.
A través de la ventana la rubia lánguida iniciaba su baño. Era una escena de película predemocrática. Vecino caliente y vecina cachonda.
Después soñó con el pintor y con un doctor negro que recetaba un reconstituyente hemopoyético clásico y moderno contra el agotamiento y la astemia mientras se beneficiaba a la rubia.
Pasaron treinta años.




